Historia

Òpera de Butxaca i Noves Creacions nace del Festival con el mismo nombre (FOB-NC) que se inició en 1993 en el Teatre Malic bajo la dirección de Toni Rumbau con el estreno de la ópera Violeta, de Manuel García Morante con libreto de Josep Maria Carandell. Desde aquel inicio hasta ahora, el Festival vivió dos etapas diferentes que se podrían calificar como infancia y adolescencia del proyecto. La tercera, que correspondería a la etapa de “madurez”, es el actual OB-NC.

Primera etapa

La primera etapa consistió principalmente en abrir en la ciudad un espacio conceptual que hasta entonces no existía, o si existía era de una forma dispersa, difusa y aventurera: el espacio de la ópera de pequeño formato y de nueva creación. La etapa se caracterizó por tener el Teatre Malic como sede principal, aunque no fuera la única, puesto que durante los 12 años que duró, hasta el cierre del Malic en 2002, fueron muchos los espacios implicados. Una primera etapa de pruebas, llena de aciertos y de tanteos, caracterizada por una carencia crónica de recursos y muy ligada a los avatares propios del mundo de las Salas Alternativas. Quizás destacarían las diferentes producciones hechas con Òpera Mobile y dirigidas por Joan Anton Sánchez, la apertura internacional a personajes como el compositor Jakob Draminsky o al director de escena Luca Valentino, con dos producciones muy aplaudidas como Hin und Zurück de Hindemith y Orfeo Vedovo de Savinio, la primera ópera de Albert Maestres y Jordi Rossinyol, la primera ópera de Enric Palomar, Ruleta, la participación de Xavier Albertí en varias propuestas de bolsillo, la irrupción de Marc Rosich como dramaturgo operístico, las distintas versiones en títeres de óperas conocidas de Pepe Otal, y tantos otros. Esa fue la infancia del Festival.

Segunda etapa

La segunda etapa empezó el 2004 y acabó con la última edición en 2007. Su característica principal es la entrada de Dietrich Grosse en la dirección del Festival, con la apertura y el salto internacional que ello representó.

En efecto, la entrada de Dietrich Grosse permitió hacer el salto que necesitaba el Festival de abrirse a Europa y de elevar al máximo sus niveles de exigencia. Como ilustración de este cambio, tenemos que situar la organización, el año 2004, de la reunión del NewOp que por primera vez se hacía en Barcelona y en un país del Sur. Un encuentro que nos permitió conectar con productoras y teatros prominentes de Europa.

Otra característica importante fue la carencia de una sede propia del Festival, que indujo a colaborar con numerosos espacios de la ciudad, acción que dio mucha visibilidad al Festival. Quizás la principal piedra en el zapato fue la imposibilidad de establecer convenios con las instituciones que nos apoyaban.

Queremos destacar de esta segunda etapa los aciertos, que son muchos. De entrada, el estreno de una docena de óperas nuevas: Bruna de Nit de Xavier Pagès y Joan Duran, Stabat de Xavier Maristany y Víctor Sunyol, Juana de Enric Palomar y Rebecca Simpson, Decorado con Tres Vistas, de Eduardo Diago, Domènech González de la Rubia y Sergio Fidemraizer, Orlando Furioso de Michael Gross y Roland Olbeter,Trenes de Marzo de Lars Graugaard y Toni Montesinos, El Fervor de la Perseverançade Carlos Santos, Saló d’Anubis de Joan Albert Amargós y Toni Rumbau, La Cuzzonide Agustí Charles y Marc Rosich, Odola de Jordi Rossinyol y Albert Mestres, y los estrenos en Barcelona de Hangman, hangman! + The Town of Greed, de Lleonard Balada. Cabe destacar también las sucesivas colaboraciones con el Grup Instrumental Barcelona 216, que permitieron presentar en Barcelona La Passione de Louis Andriessen o el ciclo de cuatro obras de Peter Maxwell Davies Vesalii Icones, Miss Donnithorn’s Maggot/Eight Songs for a Mad King y The Medium. I last but not least; o la formidable presencia de cuatro óperas catalanas en Darmstadt con ocasión de la Feria del libro de Frankfurt en 2007. Para muchos de estos proyectos fue decisiva la inestimable ayuda y colaboración de los Institutos extranjeros de Cultura: el Goethe Institut, el British Council, la Embajada de los Países Bajos, el Instituto Francés, la Embajada de Croacia o instituciones como el Institut Europeu de la Mediterrània.

Mencionamos también las dos dramaturgias de Marc Rosich, una sobre las canciones de Gustav Mahler y la otra sobre las canciones de Alma Mahler, la reposición de Il Barbiere di Siviglia de Paisiello, y el reestreno de d’Il più bel nome del compositor Antonio Caldara en Tarragona (la obra, fue estrenada el 1708 en Barcelona, siendo la primera ópera nunca presentada en la Ciudad Condal).

Pero al hablar de colaboraciones, sin duda alguna la fundamental es la de todos los creadores, intérpretes y técnicos que participaron en el Festival por la alegría de participar y creer en el proyecto.

Un aspecto importantísimo de esta segunda etapa, que duró de 2004 a 2007, fue el convenio de colaboración firmado con el Gran Teatre del Liceu para estrenar conjuntamente autores catalanes dentro del Festival, con el apoyo de la Fundació Caixa Catalunya. Una colaboración que ha ido más allá del 2007, como es la presentación de la obra de Hèctor Parra Hypermusic Prologue en 2009. Este acuerdo abrió un espacio a la nueva creación operística con unos medios y unas exigencias de calidad indiscutibles.

El otro punto cardinal han sido durante estos cuatro años las coproducciones hechas con teatros de ópera alemanes, con Halle para Juana y con Darmstadt para La Cuzzoni, que ha obtenido una continuación en otros proyectos más grandes: La cabeza del Bautista de Enric Palomar y Lbyron de Agustí Charles/Marc Rosich, que en enero de 2011 se estrenó en el Staatstheater de Darmstadt y llega al Liceu de Barcelona el 25 de junio de 2011.

Se añade, durante esta etapa, la entrada del Festival en el círculo de los productores de ópera de España Ópera XXI.

Se puede decir que durante estas dos primeras etapas, el Festival sembró, y que las cosechas se siguen recogiendo a lo largo de los años.